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La Estación del Diego

Hoy haremos un pequeño viaje al pasado en una inmensa estación ferroviaria, donde abordaremos varios trenes que nos harán vivir historia pura, iniciando hace seis décadas en Buenos Aires, Argentina, específicamente en el sur, en Villa Fiorito, reviviendo la historia del quinto hijo de don Diego Maradona y doña Dalma Franco.

Dicho niño fue el mayor de los varones, bautizado como Diego Armando, tuvo una infancia llena de humildad e incluso necesidad, pero esas condiciones no le impidieron convertirse en uno de los mayores astros en la historia del deporte más hermoso del mundo, después de todo, como dijo ese niño alguna vez, creció en un barrio privado, privado de luz, de agua y de necesidades básicas.

Ha llegado el momento de subirnos al primer tren en la Estación del Diego, el mismo es de color rojo y se hace llamar “El Bicho de la Paternal”, es el tren de Argentinos Juniors, donde un 20 de octubre de 1976, a tan solo diez días de cumplir 16 años, debutó Diego Armando Maradona.

En este viaje en el que nos aventuramos, sería pletórico poder dedicarle muchos párrafos a su etapa en “El Semillero del Mundo”, pero debemos darnos prisa, ya que nos espera un segundo tren que se pinta de azul y oro, así que se lo resumo en que jugó 166 partidos y anotó 116 goles vestido de rojo, ganó cinco títulos como máximo goleador de la Primera División de Argentina y le dio al club el segundo subcampeonato de toda su historia, todo esto en apenas cinco años con los bichos colorados.

Nuestro tren se ha detenido para hacer su primera transbordo, seguimos en Buenos Aires, pero acabamos de arribar al barrio de La Boca, abandonamos el tren colorado y mientras nos espera el próximo, en la sala de abordaje se proyecta una película, cuyo nombre es Copa Mundial sub 20 de 1979, filmada en Japón.

Ahí vemos a Diego comenzar a ser protagonista, engalanando por primera vez el número 10 de la Albiceleste, él ya consolidado jugador de la máxima categoría argentina, es campeón del mundo a nivel juvenil marcando seis goles en el trayecto, llevando a su patria, su primer título mundial.

Las sirenas suenan y es momento de abordar el segundo ferrocarril, el mismo se encuentra lleno de estrellas y su nombre en la entrada dice “Tren Xeneize”, dentro de este podemos ver como la zurda del 10 fue presentada en Boca Juniors, una etapa corta para El Pelusa, pero con actuaciones que vivirán en la memoria bostera para toda la vida.

Sus 28 goles en 40 partidos y su primer título como campeón de primera lo harán ser ídolo eterno en La Boca, ni se diga el mítico 10 de abril de 1981 en su primer clásico contra River Plate, cuando le cayó un centro en el punto penal y con una gambeta doble dejó tendido sobre el césped de La Bombonera al portero Ubaldo Fillol y al defensor Alberto Tarantini, para ponerle la firma de goleada (3-0) a un encuentro histórico, regalando sin duda uno de los goles mas lindos en la historia de aquel clásico de barrio porteño.

Hay que tomar un avión transatlántico para llegar a la tercera máquina ferroviaria, pues para continuar la historia del Diego, tenemos que llegar a la Ciudad Condal, donde encontramos el “Tren Blaugrana”, el cual nos remonta al año 1982, cuando el 10 llegó a portar la camiseta del FC Barcelona durante dos temporadas.

Formó una mancuerna de ensueño con el Lobo Carrasco llena de fútbol pícaro, hermoso y de exhibición que se paseó durante 58 partidos por los campos de la Madre Patria, anotando 38 tantos y dejando tres títulos, una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Copa de Liga Española, donde fue el futbolista en lograr un hito histórico.

Maradona fue el primer jugador rival en ser aplaudido por la Casa Blanca del Real Madrid portando la camiseta culé, alcanzando esto en una final, un 26 de junio de 1983, todo el Teatro de la Castellana en la Avenida Concha Espina vio como el Lobo asistió al Pelusa de manera magistral y cuando tuvo de frente a Agustín Rodríguez lo regateó de tal manera que lo dejó tendido, mientras que al momento que Juan José Jiménez, zaguero blanco, se barrió para evitar el gol, recibió otra finta cortesía del Diego que la mandó a guardar y en automático recibió una sonora afición de la tribuna merengue.

Ciertas diferencias del mejor jugador del mundo por aquellos días con la directiva catalana nos lleva a nuestro siguiente tren, por lo que haremos un viaje por el sur de Italia, en donde nuestro transporte tiene color celeste y blanco, así como una gran N pintada en la puerta, viéndonos de frente con el “Tren Napolitano”.

Para hablarles de los mejores años del genio en el Viejo Continente, prácticamente hay que ponerse de pie, debido a que llegó a un equipo italiano de muy bajo calibre, el Napoli, el cual antes de su llegada se había salvado del descenso por un punto, así que se puso la número 10 del cuadro napolitano, la grada coreó su nombre y los Dioses del Fútbol pusieron a Bruno Giordano y a Careca al servicio del Pibe de Oro, formando el legendario “Tridente MaGiCa”.

Antes de partir en este tren hubo quien nos dijo que el éxito de Maradona en la Serie A se debió a la falta de rivales de categoría, cada quien tendrá sus opiniones, lo que les puedo decir es que el Diego se enfrentó al Milán de los holandeses (Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco van Basten) dirigidos por el mítico Arrigo Sacchi, también se midió a la Juventus de Michel Platini que fue campeona de Europa.

Aún así, les sacó dos “Scudettos”, una “Coppa Nazionale” y una “Supercoppa Italia”, además de ganar una Copa UEFA, primer y único título continental de la escuadra celeste, el Diego portó dicha casaca por siete temporadas, 259 encuentros en el que marcó no solo 115 goles, el 10 creó una época y un legado, en la Serie A, en el fútbol de Europa y en la ciudad de Nápoles como tal, ya que en cualquier rincón de dicho lugar es posible ubicar un mural, una tienda, un grafiti o cualquier recuerdo con la firma del Pelusa, la relación Napoli y Diego es de las historias de amor mas puras que ha visto este deporte.

Estamos por llegar al final de nuestra historia, tras nuestro segundo vuelo transatlántico, volvemos donde todo comenzó, en Buenos Aires, debido a que la Estación del Diego es tan poderosa y tiene tanta magia, que una vez abordamos y antes de partir, nuestro capitán nos indica que retrocederemos en el tiempo y volveremos a 1978.

El último vagón se tiñe de dos colores y tiene una bandera con los mismos colores en su puerta, el celeste y el blanco son los tonos que reinan en la última parte de la historia del 10, misma que tiene por nombre el “Tren Albiceleste”.

Su historia como seleccionado no pudo comenzar peor, ya que aquel joven que no tenía ni la mayoría de edad, había sido convocado a varios amistosos previos al Mundial de Argentina de 1978 por César Luis Menotti, sin embargo, a última hora el Flaco lo dejó fuera de la lista final, argumentando su corta edad y muy poca experiencia, algo que no terminó pesando, debido a que de la mano de Mario Alberto Kempes, la Argentina obtendría su primera Copa del Mundo en el Monumental.

Diego levantó cabeza, siendo ese golpe únicamente la antesala de la historia de amor más grande que ha visto el fútbol entre un jugador y su bandera nacional, el Pelusa asistió a España 82, donde cayó en octavos ante Brasil y el Diego salió expulsado, aprendió la lección y cuatro años más tarde en México obtuvo su consagración como el César del Fútbol.

Llegó el Mundial de 1986 en tierras aztecas, donde de la mano de Carlos Salvador Bilardo, el Diego entró al Olimpo del Fútbol con todo lo que hizo en aquella cita mundialista, un gol ante Italia en fase de grupos comenzó a trazar el camino de la gesta mundialista, sin restarle importancia al doblete contra Bélgica en semifinales.

Sin embargo, la historia quedó realmente marcada en cuartos de final ante Inglaterra un 22 de junio en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, cuatro años después de la Guerra de las Malvinas, cuando en cuestión de cuatro minutos, Diego anotó el gol mas polémico en la historia del fútbol, el Gol de la Mano de Dios e instantes después se consagró con el tanto más lindo en toda la historia de los Copas del Mundo, la llamada “Jugada de Todos los Tiempos”, donde quedó inmortalizado como el “Barrilete Cósmico” por dejar tirado a cuanto inglés se le cruzó en el camino.

Aquella contienda finalizó alzando el máximo galardón posible, la Copa Mundial ante Alemania en la cancha del Azteca, segunda estrella mundial para la Argentina, dejando su sello marcado con letras celestes y blancas en los libros más dorados que haya escrito don Fútbol.

Le restaban dos Mundiales por jugar, primero, cuatro años después un penalti polémico en la final ante los alemanes le imposibilitó ser bicampeón mundial en Italia 90, tras ser el motor del equipo durante todo el certamen, enfrentándose con la mismísima grada napolitana en semifinales, debido a que silbaron el himno de Argentina previo al juego.

Sus años mundialistas se acabaron en Estados Unidos 94, trayecto que inició desplegando magia y talento como en los mejores años, pero luego del partido ante Nigeria, se le realizaron exámenes anti dopaje, en los cuales le hallaron varias sustancias prohibidas, por lo que su carrera mundialista con la Albiceleste, tuvo un cierre verdaderamente doloroso.

Cuando el último tren llega al final de la inmensa Estación del Diego, y tras observar sus 34 goles en 91 partidos con la celeste y blanca, la mayor enseñanza que podemos tener, es que el 10 amo a su país sobre todas las cosas y se dejó el alma por la Argentina en todo momento.

Quien les escribe se considera un tipo generacionalmente afortunado en cuanto a fútbol se trata, he podido ver al Real Madrid de los Galácticos, al Barcelona de Pep Guardiola, la histórica rivalidad entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, también tuve el privilegio de ver al Boca Juniors de Bianchi o al River Plate de Marcelo Gallardo, la vida me permitió ver a mi país colocarse entre los ocho mejores equipos del planeta en una Copa del Mundo y muchas otras cosas, sería alguien malagradecido si le reprochara al fútbol y a la vida misma por lo que me ha tocado vivir, he sido tan afortunado, que pude tomar un tren metafórico que me llevó por todo Buenos Aires, España e Italia, pasando por cuatro Copas del Mundo, rememorando por medio de pantallas de televisión y computadora, la vida y carrera del llamado Dios del Fútbol.

A pesar de todo lo anterior, si pudiera sentarme a tener una conversación con don Fútbol y me diera la oportunidad de plantearle algún reproche, ese sería sin lugar a dudas, no haber presenciado con mis propios ojos la época del barrilete cósmico, Diego Armando Maradona, aquel que una vez arrancó por la derecha, para convertirse en el genio del fútbol mundial.

Este 25 de noviembre se cumple el primer año desde el fallecimiento de Diego Armando Maradona, villano y mal ejemplo para muchos por sus comportamientos fuera de las canchas, ídolo y hasta religión para otros por la manera en que jugaba al fútbol, lo cierto es que su legado, será imborrable y trascenderá generaciones, así como fronteras por unas cuantas décadas más.

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